El estilo de vida de las Webcam Model desde Rumania!

Desde hace varios años la industria de la pornografía ha ido en constante crecimiento y para muestra, los números registrados por Pornhub, uno de los sitios de pornografía en Internet más visitados.

Durante 2016 recibieron más de 23 millones de visitas, dejando un total de más de 91 mil millones de reproducciones, lo que significa una media de 12.5 videos reproducidos por cada habitante del planeta.

Sin duda, la industria de la pornografía resulta un negocio muy solicitado que se caracteriza por tener una gran diversidad de contenidos y categorías al alcance de un click. Un ejemplo del boom pornográfico se vive en Rumania donde miles de mujeres trabajan como "cam-girls" desde estudios o sus mismos hogares.

Esa modalidad es un mercado que funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana y tiene su ayoría de clientes en América del Norte y Europa Occidental.

La BBC se dio a la tarea de visitar el corazón de Bucarest, capital de Rumania, donde se encuentra Studio 20, una empresa dedicada a las relaciones virtuales y cibersexo. Ahí es común ver a mujeres frente a una cámara a las cuales se les llama "modelos", mientras a los hombres que las observan se les denomina "miembros".

Entrar resulta curioso, asegura la periodista Linda Pressly, pues el lugar tiene cuarenta habitaciones impecables, donde se puede observar diferentes corredores cubiertos de imágenes de mujeres glamorosas y algo descubiertas. 

Linda explica que si la puerta de algún cuarto está cerrada, significa que una mujer está adentro interactuando con un cliente internacional a través de una cámara web. Mientras ella esté sola en el cuarto todo está permitido, todo es legal.

La BBC conoció en aquel estudio a Lana quien trabaja en el cuarto número 8. En su habitación se puede observar una enorme cama circular con grandes almohadas y un armario repleto de atuendos atrevidos que más de uno ha soñado.

"Generalmente uso vestidos, lencería o ropa de cuero", indica Lana mientras observa en un rincón del cuarto una enorme pantalla de TV, una costosa cámara y luces profesionales.

Lana sabe que decenas de personas la observan en vivo a través de sitios para adultos en internet, pero a ella no le molesta, pues es una forma más de ganar dinero. Con ocho horas de trabajo al día puede generar al mes cuatro mil 700 dólares, diez veces más el salario promedio en Rumania.

La joven cuenta que se graduó en la universidad y trabajó en el sector inmobiliario durante varios años hasta que Rumania cayó en recesión tras la crisis económica de 2008. La difícil situación la empujó a eliminar los tabúes para probar suerte en esa industria y convertirse en una "chica en vivo".

Lana cuenta que el recuerdo de su primer día frente a la cámara nunca se le ha borrado.

«Estaba sola en el cuarto, pero sentía que había cientos de personas a mi alrededor. No podía seguir el ritmo de todas las cosas que me decían y me pedían. Fue un verdadero shock», indica Lana a la BBC. «Pero luego aprendí a ser más perceptiva, a distinguir quién era un cliente dispuesto a pagar y a no perder el tiempo».

En algunos países aún existe una creencia machista hacia las personas que se dedican a este tipo de negocio, una postura hipócrita cuando esas personas terminan consumiendo el producto.

«La mayor parte es simplemente conversación. También hago juego de roles y una parte menor incluye desnudez y masturbación», indica Lana asegurando que a veces los clientes tratan de empujarla a hacer «cosas que no quiere», pero en general ella es quien dirige el show.

«Depende de ti como mujer llevar la batuta y eso te empodera. Lo importante es hacer que un cliente que paga permanezca online la mayor cantidad de minutos posible», puntualiza Lana.

BBC asegura que en el caso de Lana, las sesiones online le han ayudado a ganar suficiente dinero para educar a su hija, pero otras mujeres no pueden tomar decisiones con la misma libertad.

Oana es el otro lado de la moneda en la industria de la pornografía. Ella es una mujer rumana que cuenta sentirse afortunada de haber "escapado" de la industria del sexo. Cuando sólo tenía 16 años se enamoró y su novio la convenció de hacer sesiones online.

«Me dijo que sólo debía conversar, pero él estaba conmigo en el cuarto y lo que hicimos ahí fue pornografía», cuenta Oana quien terminó trabajando como prostituta en Alemania hasta que juntó coraje para volver a su país, Rumania, y comenzar una nueva vida.

«Hay chicas que siguen pensando que sólo estarán frente a una cámara y ganarán mucho dinero. Pero todo lo que sucede en esas sesiones afecta tu mente», explica Oana a la BBC. «El próximo paso es la prostitución. Ahora me doy cuenta de ello».

La idea de lo que es malo o bueno depende de cada persona y su experiencia. Tal vez sea más dañino estar 12 horas diarias en una oficina trabajando por un salario mínimo.

Fuente: https://news.culturacolectiva.com/noticias/vender-sexo-por-internet/

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